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miércoles, 1 de septiembre de 2010

JAIRO ANIBAL, EL NIÑO









Jairo Anibal, el niño mas grande de las letras infantiles colombianas, se fue a vivir a una estrella.

Para sus lectores, niños y adultos, con sus libros en la tierra, es como si jamás hubiera partido.

El escritor colombiano Jairo Aníbal Niño supo lo que decía cuando escribía, con sentido poético, que la alegría del querer hace visibles las verdades del alma y las intimidades del corazón enamorado, enamorado de la vida, enamorado del amor.

Su obra literaria es infinitamente tierna, creativa y profunda. Por eso, se hizo merecedor de importantes premios latinoamericanos y del respeto de sus pequeños y grandes lectores.

Sus escritos pertenecen a lo que se considera la verdadera literatura, la que enriquece el espíritu y magnifica las cualidades humanas.

Sus historias, poemas y cuentos no hablan de dioses ni de santos, pero santifican el amor. Para lograrlo acudió a la mirada del niño ingenuo, cándido, inocente, incauto, candoroso, que cree en las bellezas de la vida y en la gracia de la ternura.

Jairo Aníbal y el niño que habitaba en él supieron capturar con gran sensibilidad, y sentido pedagógico, las etapas infantiles y juveniles donde prevalecen la esperanza y la ilusión, donde el mundo todavía es color de rosa y no se ha sido oscurecido en las tempestades de la vida.

Nació en Moniquirá, Boyacá, en 1941. Su vocación inicial fue la pintura, luego giró su talento hacia el teatro, primero como actor y después como director y dramaturgo.

Sus obras El golpe de Estado , El monte calvo y Las bodas de lata o el baile de los arzobispos fueron premiados en el Segundo Festival Internacional de Teatro Universitario , en el concurso de autores convocados por Telecom y la Presidencia de la República, y en el V Festival Mundial de Teatro en Nancy (Francia).

Jairo Aníbal solía decir que desde muy joven recorrió el país y conoció las aldeas y las ciudades, las montañas, los ríos, la selva y la mar. En su adolescencia ejerció diversos oficios. Fue ayudante de camión, pintor, actor de teatro, aprendiz de mago y marinero.

Pero fueron sus dotes como narrador los que lo catapultaron en el campo de la literatura infantil.

Es obligatorio mencionar sus obras Dalia y Zazir, De las alas caracolí, Aviador Santiago, La alegría de querer, Los papeles de Miguela y Razzgo, Indo y Zaz y Zoro, Premio Nacional de Literatura Infantil Enka, considerado por la crítica literaria como una de las más hermosas y poéticas obras para niños publicadas en los últimos tiempos.

Sus historias, que son poemas y cantos a la vida, saben vincular el corazón humano con la tierra, el campo, las aves, las estrellas, el sol, la luna, y las flores.

Jairo Aníbal Niño describió el mundo material y sus implicaciones en la vida de hoy, pero en su obra, extremadamente humana, siempre destacó que para que el hombre no muera de hambre necesita sembrar rosas.


Comprendía, sin duda, la profunda simbología que ha tenido, tiene y tendrá la rosa como alegoría del amor. El escritor inglés Oscar Wilde, que también escribió para niños, acudió a la rosa como protagonista del cuento infantil más sensible y hermoso que creó: El ruiseñor y la rosa

A Jairo Aníbal es imposible leerlo sin sentir en el corazón y en la razón el galopar de las nostalgias porque sus letras evocan lo que se lleva siempre en el recuerdo, las reminiscencias que no son más que añoranzas, aquello íntimo que nos hace ver hacia atrás, para reconocer lo que fuimos y reafirmarnos, para refugiarnos en nosotros mismos sin importar las turbulencias de los tiempos.

Su inesperada muerte a los 69 años, deja un vacío profundo en el ámbito de la literatura infantil colombiana.

Niños y grandes lamentamos su partida física. Se silencia la pluma de un escritor introspectivo que supo hacerse niño para predicar el amor y la infinita ternura como camino para adquirir la plenitud humana.

Nos deja su apacible obra.



Jairo Aníbal Niño, In Memoriam


La alegría de querer

Si María:

-Si María tiene tres manzanas
y le da una a Nicolás
¿Cuántas quedan?

-¿En que está pensando, Nicolás?
-¿Acaso no sabe la respuesta?

-Si María me da una manzana,
todavía me queda una esperanza.


1x1

¿1x1?
-Uno
¿1x2?
-Todo.
¿Todo?
-Sí, si los dos se tienen cariño.


Supe que te amaba

Supe que te amaba
-más allá de toda duda-
el día en que estabas colocando un clavo en la pared
y te golpeaste con el martillo
y a mí me empezó a sangrar el dedo pulgar.



Ayer por la tarde

Ayer por la tarde,
Como te lo había prometido,
Jugué el mejor partido de futbol de mi vida.
En el primer tiempo
Hice un gol a los quince minutos.
A los treinta y siete hice otro.

En el segundo tiempo,
a los siete minutos,
José Villegas,
el que cuando canta dice
que le nacen mariposas en el pensamiento,
fusiló a nuestro arquero
con un taponazo sobre el ángulo izquierdo.

A los diecinueve minutos y quince segundos,
David, el que quiere ser aviador,
empató el partido
Con un lindo gol de cabeza.

A los cuarenta y cinco minutos,
Al estilo Castañito,
hice el gol más lindo del mundo.

Mi equipo ganó por el marcador de dos a tres,
pero yo sentí que había perdido
porque tú no viniste.

Me derrotaron los goles que me hizo tu ausencia.


En secreto


En secreto
Recogí el vaso en que habías bebido
y lo lleve a mi casa.
Por las tardes, cuando llego del colegio,
lo coloco bajo el grifo
Y veo flotar un beso en el agua.



Tu cabello es una bandada de chupaflores


Tu cabello es una bandada de chupaflores,
tu cara es un espejo mágico,
tu sonrisa es un gol olímpico,
tu mirada es un 5 en álgebra,
tus manos un par de mariposas,
y tus pies dos caballitos blancos,

Serías perfecta si tu corazón no fuera de piedra.


Después de Nuestra visita


Después de nuestra visita al jardín botánico,
la maestra nos puso como tarea
hablar sobre las matas más bellas que habíamos visto.

Uno dijo que era el marañón (Anacardium occidentale).
Otro afirmó que el nacedero (Ruellia gigantea).

Una compañera dijo que era el sáuco ( Sambucus nigra).
Otro sostuvo que la aralia (Aralia capitata Mosq).
Otro se inclinó
Por la estrella del Caquetá (E.amazónica linden).
Y hubo quien dijo que era la lila (Barleria strigosa wild)

Cuando me interrogó a mí no dije nada
y no porque no supiera,
ya que estaba completamente seguro de que la mas linda,
era la sedosa, brillante y perfumada mata de pelo
de mi maestra (Amalia Andrea Mateus).

Los papeles de Miguela


Para Evitar el Hambre


Para evitar que la gente se muera de
hambre hay que sembrar maíz, millo, trigo, arroz, papa, yuca, arveja, tomate, fríjoles, habichuelas, manzanas, guayabas y nísperos.

Para evitar que la gente se muera de hambre hay que sembrar rosas.


La soledad


Estaba tan solo, tan desacompañado,
que finalmente la soledad formó con él una pareja



En los tiempos oscuros


En los tiempos oscuros
debes aprender a mirar las estrellas.
pero no todas están arriba.
el planeta tierra
flota y gira en el espacio,
y es necesario que sepas
que mientras caminas por el duro suelo
miles y miles de estrellas
brillan bajo tus pies.

lunes, 28 de junio de 2010

EL TESTAMENTO DE SARAMAGO


Uno de los más lúcidos escritores contemporáneos dejó de existir.
Entre sus muchas obras, el ateo Saramago nos dejó un nuevo y un viejo testamento: una versión de Caín y otra de Jesucristo.



Saramago, el escritor heterodoxo, disconforme, iconoclasta, visionario y de alguna manera místico, ve el cielo más cerca porque partió a su cita con Dios a quien tanto confrontó en su obra literaria.

Muy seguramente en esos mundos celestiales habrá un silencio primordial cuando sus manos se junten con las manos de Fernando Pessoa, aquel que tanto desasosiego le generó como una musa a su artista y de quien bebió toda su ambrosía porque quizás se reconoció en él: escritor, filósofo y poeta como él; profundo como él; portugués como él; no tan abatido y desconsolado como él, pero al igual que él buscador del sentido en el sinsentido de la vida.

Quizás al verle le dirá que fue tanta su admiración que se inspiro en èl para su primera novela El Año de la muerte de Ricardo Reis (1985). En ella Saramago se hace testigo de la desaparición de Reis, el personaje más representativo de Pessoa.

Desde entonces sus novelas merecieron el reconocimiento y la admiración de millones de lectores en el mundo entero que aun lamentan su partida porque era un pensador que admitía la fraternidad entre los hombres como antídoto infalible contra la ceguera, no de los ojos sino del alma, de ciegos que viendo no ven.

Fue un hombre de izquierda, extremadamente humanista, del humanismo integral, cuya base es el hombre pero el hombre total, natural, inconsciente. Tuvo una capacidad excepcional para mirar y comprender los fondos del alma humana y para rebelarse a lo establecido, continuando con el pensamiento de la izquierda europea de los siglos XIX y XX. Todo esto de alguna manera lo refleja en su obra literaria y en la crítica pública, a la que nunca renunció.

Saramago reprocha pero comprende, destruye pero al mismo tiempo crea porque en esa destrucción esta la semilla de la creación. Sus cuestionamientos son los del hombre que mira desde el fondo de su alma y desde lo más tierno y humano de su corazón.

No sabía de escribir corto. Sus novelas son extensas, poéticas, alucinantes, eróticas, creativas, pero sobre todo irreverentes y críticas de la cultura occidental, la que describió tan lúcidamente y donde se proyectan más las sombras que las luces del hombre atrapado por los instintos más primitivos y bestiales, tal y como los muestra a través de su novela El Ensayo sobre la ceguera.

Conocedor de la fuerza de las palabras acudió en sus libros a frases sencillas pero llenas de sentido y de profundidad; frases sonoras que llegan al alma, estimulan los sentidos y despiertan la inteligencia.

En las novelas Memorial del Convento, El Evangelio Según Jesucristo y Caín supo mostrar de otras formas los tiempos antiguos históricos y bíblicos y cuestionó los dogmas y miradas de la religión judía e inclusive del cristianismo. Se preguntó si las religiones son para los hombres o si son los hombres para las religiones y reprochó al que se vuelve esclavo de sus principios religiosos e intolerante con el pensamiento y la mirada religiosa de los demás.

Saramago desnuda las religiones, las pone de presente, las desmitifica y cuestiona sus credos de fe más sagrados.

En El Evangelio según Jesucristo viaja al pasado y como un Dios griego de la literatura antigua crea, en 478 paginas, la historia de un Dios hecho humano, creado a imagen y semejanza de todos los demás, un Jesucristo expuesto a la tentación y a la ambición, porque eso también fue Jesús para Saramago, un hombre que pudo amar física, mental y sexualmente a una mujer como Maria Magdalena, a la que amó en cuerpo y alma y que no era ni prostituta ni santa, solamente una mujer de carne y hueso que le amó con autentico y arrebatado amor.

Jesús, en vez de ser concebido en el vientre de una virgen por el Espíritu Santo, es producto de la simiente de José derramada en el sagrado interior de la casta María, “sagrados ambos por ser la fuente y la copa de la vida, en verdad hay cosas que el mismo Dios no entiende, aunque las haya creado…

…Habiendo pues salido del patio, Dios no pudo oír el sonido agónico, como un estertor, que salió o de la boca del varón en el instante de la crisis, y menos aun el levísimo gemido que la mujer no fue capaz de reprimir. Solo un minuto, o quizás no tanto, reposó José sobre el cuerpo de María”.

Insistente, Saramago continua: “Un Dios que esta en todas partes, pero, siendo lo que es, un puro espíritu, no podía ver como la piel de María tocaba la piel de José, como la carne de él penetro en la carne de ella, creadas una y otra para eso mismo”.El Evangelio según Jesucristo– José Saramago 1991.

En Caín, su última novela (2009), cuestionó nuevamente los orígenes del autoritarismo del Dios judío, creador y destructor de todo, el Principio de todo lo que es, el origen, lo sagrado. Saramago es fustigador pero propone una mirada más allá, el reconocimiento de que ese Dios es nuestro propio reflejo, un arquetipo de la conciencia que puede ser modificado para el bien del hombre y del mismo Universo.

De alguna manera nos recuerda que Dios sigue siendo lo desconocido y lo incognoscible y otra vez desafía los fundamentos judeocristianos y del Islam reescribiendo la historia de un Caín humano, tan culpable como somos todos, incluso Dios, de quien dice Saramago usó a Abel como becerro para probar a Caín quien a través de Abel quiso matar al propio Dios.

En esta novela Saramago aborda el bien y el mal como los opuestos que no subsisten el uno sin el otro y que por tanto ambos siempre se darán en la conciencia del ser humano. Crea una Eva de carne y hueso, desafiante, astuta, conciente de la responsabilidad de su creador para con ella, insubordinada como esposa y desafiante como toda mujer, conocedora de sus derechos y de sus poderes femeninos.

Saramago, desechando lo simbólico de la historia bíblica y sin referirse a los grandes estudiosos de la psicología profunda como el siquiatra y filósofo Carl Gustav Jung o al mismo Freud, nos muestra su propia mirada, no única pero si provocadora y reveladora para aquellos que quieran mirar o que sepan mirar y entender.

La mirada diferente de Saramago soportó el hostigamiento de la derecha ortodoxa europea asunto que poco pareció importarle porque siguió escribiendo y siendo mas claro en cada una de sus escritos.

En su obra expuso mucho de su condición del niño campesino que fue, de la rústica aldea portuguesa de Azinhaga, del joven melancólico y frecuentemente triste que encontró amor fraternal en la pobrísima morada de sus abuelos maternos Josefa y Jerónimo, campesinos y analfabetos.

“Las mayores proezas eran mis subidas a la higuera del huerto, por la mañana temprano, para alcanzar los frutos todavía húmedos por el río nocturno y sorber, como un pájaro goloso, la gota de miel que de ellos brotaba”. (Las pequeñas memorias. José Saramago).

Saramago fue un testigo excepcional de su tiempo. Le tocó vivir, en los años treintas y siguientes, las épocas de los dictadores Salazar en su Portugal nativa y de Franco en la vecina España, también la Italia de Mussolini, el exterminio de Hitler, las atrocidades de la Primera y la Segunda Guerra Mundial y más adelante la caída del Imperio Ruso y la restauración de la paz europea al igual que el fortalecimiento de un capitalismo que a sus ojos se mostró totalitario y distorsionador del alma humana.

Saramago escribió desde el pasado y desde el presente, nos mostró al ser humano y nos abrió una ventana sobre nuestro destino, sobre nuestro futuro. Murió pero su pensamiento vive y vivirá en las obras literarias escritas para el hombre del presente y el hombre del futuro.

Para aquellos que no le hayan leído la recomendación es que no se lo pierdan, es el momento de empezar a conocerlo y para quienes ya lo conocen que renueven sus lecturas y las den a conocer entre sus amigos.

Ese seria el vivo homenaje que podríamos hacerle al sabio Saramago.
Crèditos fotos: El Elespectador, El Paìs.com

lunes, 26 de octubre de 2009

Gabo, mondongo y helado

En su correría por el mundo, Gerald Martin, biógrafo de García Márquez, hizo una breve parada para responder preguntas de Sincensura.

El escritor británico lanzó en Colombia su libro.


Sincensura: ¿En qué momento un profesor inglés de literatura se fijó en García Márquez?
Gerald Martín: En 1968, en la Ciudad de Mexico, durante el movimiento estudiantil, un año después de que "Cien años de soledad" fue publicado y García Márquez viajó a Barcelona.
El libro me deslumbró desde la primera pagina.

Sincensura¿Cuál es la principal virtud que le vio a Gabo?
G M: Una tenacidad increible para seguir luchando y expresar su genio

Sincensura ¿Cuál es su principal defecto?
GM: Su horror a los entierros.

Sincensura : Cuál es su manía?
GM : La perfección.

Sincensura: Qué de bueno le sacó Gabo a su padre?
GM :Lo fantasioso y el optimismo.

Sincensura ¿Qué de malo le sacó Gabo a su padre?

GM: La ira

Sincensura -Y de su mamá. Empecemos por lo bueno.
GM: El sentido de humor.


Sincensura - Y malo, ¿qué le sacó?
GM: La superstición (aunque, para decir la verdad, le ha servido muy bien).

Sincensura - ¿Qué tanto pesó Tachia, el amor de París, en la vida de Gabo?
GM; Aparece, fragmentada y disfrazada, en cuatro libros,

Sincensura ¿Tachia estuvo a punto de desplazar a Mercedes?
GM: No creo.

Sincensura ¿Gabo pensó alguna vez en abandonar la literatura?

GM. Si; pero únicamente porque tenía que sostener a su familia.

Sincensura ¿Cambió el premio nobel a Gabriel García Márquez?
GM: Si: optó por la diplomacia en vez de la militancia politica.

Sincensura ¿Cuál es la novela de Gabo que el autor quemaría?
GM :No se.

Sincensura ¿Y cuál es la novela que más le gusta?
GM: Ha tenido tantos favoritos,pero posiblemente "El otoño del patriarca".

Sincensura ¿Qué comida hace correr a Gabo?
GM: El mondongo.

Sincensura ¿Qué postre?
GM: Los helados.

Sincensura -¿Extraña Gabo a Colombia?
GM : Si, todos los dias.

Sincensura -¿Es madrugador?
GM: Siempre.

Sincensura ¿Es Gabo gruñón?
GM: Si, cuando no le dan helado de postre.

Sincensura -¿En qué ocupa hoy sus días García Márquez?
GM: En escribir, dice.

Sincensura ¿Cómo está la salud de Gabo?

GM: Muy buena, creo; como muchos viejos (yo, por ejemplo) tiene problemas con la memoria pero mantiene su buen sentido del humor.

Fotos: El País.com, Revista Dinners

miércoles, 14 de octubre de 2009

El Gabo y Fidel, eternos amigos


El Gabo, como le dicen los mexicanos, es noticia otra vez.

En el Palacio de Bellas Artes exponen su vida en una bella muestra fotográfica, en el mundo hispano circula la biografía de Gerard Martin y en Aracataca, la tierra del nobel, se abrirá su casa museo.


S
incensura se une a estos homenajes reproduciendo un artículo escrito por su eterno amigo, Fidel Castro.



La novela de sus recuerdos- Fidel Castro Ruz-

Gabo y yo estábamos en la ciudad de Bogotá el triste día 9 de abril de 1948 en que mataron a Gaitán. Teníamos la misma edad: 21 años; fuimos testigos de los mismos acontecimientos, ambos estudiábamos la misma carrera: Derecho.Eso al menos creíamos los dos.

Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos.

Casi medio siglo después, Gabo y yo conversábamos, en vísperas de un viaje a Birán, el lugar de Oriente, en Cuba, donde nací la madrugada del 13 de agosto de 1926.
El encuentro tenía la impronta de las ocasiones íntimas, familiares, donde suelen imponerse el recuento y las efusivas evocaciones, en un ambiente que compartíamos con un grupo de amigos del Gabo y algunos compañeros dirigentes de la Revolución.

Aquella noche de nuestro diálogo, repasaba las imágenes grabadas en la memoria: ¡Mataron a Gaitán!, repetían los gritos del 9 de abril en Bogotá, adonde habíamos viajado un grupo de jóvenes cubanos para organizar un congreso latinoamericano de estudiantes.

Mientras permanecía perplejo y detenido, el pueblo arrastraba al asesino por las calles, una multitud incendiaba comercios, oficinas, cines y edificios de inquilinato. Algunos llevaban de uno a otro lado pianos y armarios en andas.

Alguien rompía espejos. Otros la emprendían contra los pasquines y las marquesinas. Los de más allá vociferaban su frustración y su dolor desde las bocacalles, las terrazas floridas o las paredes humeantes.

Un hombre se desahogaba dándole golpes a una máquina de escribir, y para ahorrarle el esfuerzo descomunal e insólito, la lancé hacia arriba y voló en pedazos al caer contra el piso de cemento.

Mientras hablaba, Gabo escuchaba y probablemente confirmaba aquella certeza suya de que en América Latina y el Caribe, los escritores han tenido que inventar muy poco, porque la realidad supera cualquier historia imaginada, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad.

El caso es que, casi concluido el relato, supe que Gabo también estaba allí y percibí reveladora la coincidencia, quizás habíamos recorrido las mismas calles y vivido los sobresaltos, asombros e ímpetus que me llevaron a ser uno más en aquel río súbitamente desbordado de los cerros.
Disparé la pregunta con la curiosidad empedernida de siempre. “Y tú, ¿qué hacías durante el Bogotazo?”, y él, imperturbable, atrincherado en su imaginación sorprendente, vivaz, díscola y excepcional, respondió rotundo, sonriente, e ingenioso desde la naturalidad de sus metáforas:

“Fidel, yo era aquel hombre de la máquina de escribir”.

A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana. Como él mismo confesó, lleva sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en “la adicción de los best-sellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales”.

A lo que habría que agregar su responsabilidad al convencerme no solo de que en mi próxima reencarnación querría ser escritor, sino que además querría serlo como Gabriel García Márquez, con ese obstinado y persistente detallismo en que apoya como en una piedra filosofal, toda la credibilidad de sus deslumbrantes exageraciones.

En una oportunidad llegó a aseverar que me había tomado dieciocho bolas de helado, lo cual, como es de suponer, protesté con la mayor energía posible. Recordé después en el texto preliminar de Del amor y otros demonios que un hombre se paseaba en su caballo de once meses y sugerí al autor:

“Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de once meses es un potrico”.
Después, al leer la novela impresa, uno recuerda a Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración.

En la novela, el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple cien años y en una bajada se le reventó el corazón.

Gabo, como era de esperarse, convirtió la edad del animal en una prodigiosa circunstancia, en un suceso increíble de inobjetable veracidad.

Su literatura es la prueba fehaciente de su sensibilidad y adhesión irrenunciable a los orígenes, de su inspiración latinoamericana y lealtad a la verdad, de su pensamiento progresista.

Comparto con él una teoría escandalosa, probablemente sacrílega para academias y doctores en letras, sobre la relatividad de las palabras del idioma, y lo hago con la misma intensidad con que siento fascinación por los diccionarios, sobre todo aquel que me obsequiara cuando cumplí 70 años, y es una verdadera joya porque a la definición de las palabras, añade frases célebres de la literatura hispanoamericana, ejemplos de buen uso del vocabulario.

También, como hombre público obligado a escribir discursos y narrar hechos, coincido con el ilustre escritor en el deleite por la búsqueda de la palabra exacta, una especie de obsesión compartida e inagotable hasta que la frase nos queda a gusto, fiel al sentimiento o la idea que deseamos expresar y en la fe de que siempre puede mejorarse.

Lo admiro sobre todo cuando, al no existir esa palabra exacta, tranquilamente la inventa. ¡Cómo envidio esa licencia suya!

Ahora aparece Gabo por Gabo con la publicación de su autobiografía, es decir, la novela de sus recuerdos, una obra que imagino de nostalgia por el trueno de las cuatro de la tarde, que era el instante de relámpago y magia que su madre Luisa Santiaga Márquez Iguarán echaba de menos lejos de Aracataca, la aldea sin empedrar, de torrenciales aguaceros eternos, hábitos de alquimia y telégrafo y amores turbulentos y sensacionales que poblarían Macondo, el pequeño pueblo de las páginas de cien años solitarios con todo el polvo y el hechizo de Aracataca.


De Gabo siempre me han llegado cuartillas aún en preparación, por el gesto generoso y de sencillez con que siempre me envía, al igual que a otros a quienes mucho aprecia, los borradores de sus libros, como prueba de nuestra vieja y entrañable amistad.

Esta vez hace una entrega de sí mismo con sinceridad, candor y vehemencia, que le develan como lo que es, un hombre con bondad de niño y talento cósmico, un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla.
Encontrado en: Revista Cambio. 2002
Fotos: El Espectador, Revista Cambio y Semana